lunes, 1 de febrero de 2016

Normalista Superior


Escuela Normal Superior de Manizales, años 50.

Pasaron los primeros años de vida y luego la adolescencia, al parecer tranquila. Javier fue un joven que esperaba pacientemente resolver los múltiples interrogantes que tenía sobre la vida. 

Ingresó a mediados de los años 50 a la Escuela Normal Superior en Manizales. Javier aclara que “estudié en la Normal cuando las Normales eran normales”. Las Normales son instituciones fundadas a finales del siglo XIX enfocadas en la formación de maestros.


Con compañeros de último año en la Normal Superior
de Manizales, 1959.


Mientras cursaba quinto en la Normal, ocurrió algo que me hizo vislumbrar aquello a lo que iba a terminar dedicando mi vida. Esa vez el profesor de historia de la educación y didáctica especial, Dr. Octavio Arcila Marín, me sorprendió al pedirme que no regresara más a su clase. Me asusté, pero él me calmó al anunciar que gracias a mi interés creativo había resuelto enviarme como ayudante a los talleres de elaboración de material didáctico de la Escuela Anexa, donde se realizaban las prácticas pedagógicas. Respiré aliviado y presentí que mi vocación de maestro iba por buen camino y me dediqué desde entonces a realizar mis sueños pedagógicos y a interesarme en la búsqueda de diferentes métodos de aprendizaje que no privilegiaran la memorización sino el proceso y la comprensión.

Alumnos de último año de Normal. Los de corbata están en práctica pedagógica.
Javier con camisa a cuadros.

 La decisión del profesor de didáctica especial y la actitud de la señorita Teresa, la bibliotecaria, quien al descubrir mi interés en la lectura, y rompiendo las normas establecidas, me prestaba la llave de la biblioteca para que yo pudiera utilizarla durante los fines de semana y vacaciones, me mostraron nuevas perspectivas. Esta llave no solo abría la puerta de la biblioteca, sino mi devoción por el aprendizaje autónomo, sin las barreras de textos enlatados o la imposición de lecturas preseleccionadas que encasillaban el pensamiento. Había nuevas maneras de afrontar la tarea del maestro y nuevas formas de aprender.

Javier recuerda la forma en que debía dar las lecciones que les exigía el profesor de literatura universal: debían pasar por parejas frente al grupo para hacer la exposición correspondiente. Recuerda en particular lo que le sucedió un día en que debía presentar la lección sobre Dostoievski y su compañero de exposición empezó así: “Teodoro Michailowich era de familia católica de Lituania, con sangre escandinava en sus venas. Eran sus padres altivos, intolerantes, devotos, muy pobres. Cuando se mudaron a Ucrania, cambiaron de religión…”.

En este momento el profesor le solicitó a Javier seguir la lección, y él, tomando aire, empezó a narrar la situación de Raskolnikov y Sonia, pues estaba maravillado leyendo la novela Crimen y Castigo. El profesor se notó sorprendido y enojado, ya que requería la biografía tal como lo exponía el Hermano Claudio Marcos en su texto “Lecciones de Literatura Universal”. Entonces, su compañero continuó con la lección: “Dostoievski escribió para un pueblo que se deja atraer, y siempre con facilidad, por el fatal torrente de la autonegación y la autodestrucción…”. En ese momento, Javier se dio cuenta de que algo no funcionaba en el proceso de enseñanza-aprendizaje, pues era más importante repetir mecánicamente que utilizar el juicio crítico. Parecía que los sucesos en su vida se iban uniendo como eslabones que lo llevarían, años después, a la creación del abcdespañol.


Conectar el aprendizaje con la realidad.
Modelo de práctica pedagógica, 1961.

         

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