jueves, 28 de enero de 2016

Viaje Pedagógico de Javier González Quintero




Javier González Quintero   fue un niño trabajador, inquieto y, para algunos, un poco intenso. Nunca expuesto a labores de fatiga para sobrevivir,  sencillamente siempre estuvo ocupado en algo útil. Su madre creía en el trabajo como una de las más eficaces formas de orar. Su padre le enseñó a enderezar puntillas en forma práctica y amable: a un martillo pequeño le adaptó un mango de hierro, potenciando con el peso la efectividad del golpe.

Añorando estas vivencias recuerda Javier: “Me sentaba en un banquito cómodo, y frente a mi “puesto de trabajo”, en el patio de mi casa, me colocaban cajas de cartón con las medidas: media pulgada, una pulgada, pulgada y media… Pero no en palabras (pues todavía no había entrado a la escuela) sino con líneas equivalentes a cada una de las longitudes. Además, debajo de cada línea me anotaban el numeral: ½- 1- 1 ½ ¡”Quién creyera que posteriormente, en la primaria, para mí los números enteros, fraccionarios y mixtos fueran un juego”!

A la escuela solo pudo ingresar a los 7 años, edad en que se llegaba al “uso de razón” según el catecismo del padre Astete. Hoy está comprobado que los niños deben empezar su formación lo antes posible. Para Javier los trabajos con sus padres se convirtieron en su educación pre-escolar. Al entrar a la escuela ya había adquirido varios conocimientos, estaba preparado para sus primeros años y aprovechaba estas habilidades para ayudar a sus compañeros a entender conceptos que ellos no lograban captar en las explicaciones del pizarrón

Disfrutaba jugar con el trompo y también con las canicas. Parecía ser de esos niños que hacen de todo y que todo lo hacen con gusto y alegría ilimitada. Según él, esas actividades de infancia y aquellas que él cataloga como “aprendizajes amables” en la escuelita parroquial y en la anexa a la Normal Superior, le marcaron inquietudes muy fuertes, que seguirían vigentes hasta comenzar a desarrollar su emprendimiento social. Su niñez, ocupada en acciones que exigían concentración, fue un período poderoso para grabar y absorber como esponja todo lo que sucedía. 


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